Han pasado varios días sin poder actualizar el blog y la verdad es que no traigo buenas noticias como habéis podido ver en el titulo de esta entrada.
Las despedidas siempre son amargas y dolorosas y teniendo animales, como seres vivos que son, aumentan ese dolor cuando uno de ellos enferma repentinamente o simplemente encuentra el final de su camino y nos deja.
Este mes ha sido muy movido en referencia a este tema y por muy poco casi he perdido a Duende que sufrió un cólico y estuvo muy fastidiado durante dos días.
Por suerte pude recuperarlo y ahora esta mejorando con bastante rapidez pero no he tenido esa misma suerte con Pepote.
Decir que era un animal muy especial seria quedarme corta ya que había conseguido una empatia con el que desde luego no me podía imaginar cuando accedí a recogerlo.
Yo tenia un concepto muy diferente de los avestruces y una vez mas he aprendido que no hay ni un solo animal desagradecido y que no aprenda a ser un alma dócil y cariñosa capaz de enternecer con sus actos a cualquiera que tenga un trocito de corazón.
Pepote era sin duda majestuoso en tamaño pero torpe en movimientos y sin embargo aprendió a convivir con el resto de los animales exento de cualquier síntoma de agresividad y tratando de no pisarles con sus enormes pies.
Recuerdo con sumo cariño la primera vez que apoyo su cabeza sobre mi hombro y como ese acto se convirtió en una costumbre ya que le encantaba que le acariciara suavemente ese cuello tan largo y curioso que tenia.
Me seguía como un perro faldero por cualquier rincón de la finca y tenia toda mi confianza porque por muy grande que fuera y por muchos problemas que me hubiera podido ocasionar, jamás me dio una sola preocupación.
Se que durante todo este tiempo que he compartido mi vida con el, ha recibido mas cariño que en toda su existencia y no solo mío sino de todo aquel que nos ha visitado pero me ha sabido a poco y me habría gustado que la hubiera disfrutado mucho mas.
Ahora disponía de toda libertad y nada ni nadie le molestaba, se había hecho inseparable del caballo y compartían el sol protegidos en la pared de su refugio, la comida y sus paseos.
El Lunes ya intuí que algo no iba bien y lo encontré tumbado sin poder levantarse.
El martes, sin tiempo a nada y siendo ese animal que en vida me demostró tanto, apoyo su cabeza en mi mano y exhaló su ultimo aliento llevándose consigo un pedacito de mi corazón.
Puede que haya gente que no lo entienda pero para mi estos animales con los que convivo a diario son independientemente de mi gente querida lo mas especial que existe.
A diario me regalan todo el cariño del mundo a cambio de nada y solo por ello son capaces de transmitirme tantas cosas buenas, que no creo que se merezcan nada menos de lo que mis posibilidades me permiten ofrecerles.
Gracias Pepote, gracias por enseñarme cosas nuevas, gracias por demostrarme que los gigantes también tienen corazón y gracias por mirarme a través de tus brillantes ojos llenos de ternura porque esos regalos han sido todo un tesoro y que yo he tenido la suerte de compartir contigo.
Adiós mi pequeño-gran amigo, te vamos a extrañar muchísimo.
Si es de tu agrado lo que lees, no te olvides de votar esta entrada. Gracias y bienvenidos





